miércoles, 1 de julio de 2015

Crónicas del Camino Francés 2015 - 2: El pequeño-gran peregrino, el maño Onésimo.

Onésimo, One para los amigos
Apareció en el Camino. Como tanta otra gente, anónimos peregrinos, que saludan al pasar con un "Hola" o "Buen Camino". Algunas veces, no puede uno sujetar la risa cuando escucha en rara tonalidad lo de "Buena Camina".
Personas que probablemente no vuelvas a ver más, porque se van hacia adelante con una zancada más larga o se quedan detrás por llevar un paso más cansino.

Pero sucede, a menudo, que te cruzas con alguien que lleva tu mismo o parecido ritmo y si además, también se cruzan las miradas unos segundos, entonces de forma irremediable surge el chispazo eléctrico que conecta almas gemelas que andan con un mismo objetivo, suspiran por un mismo anhelo y empieza el intercambio de preguntas:
- ¿De dónde eres?
- ¿Cómo te llamas?
- ¿Desde donde has salido?
- ¿Hasta dónde vas?
- ¿Dónde empezaste el Camino?
- ¿Cuándo saliste?
- ¿Vas hasta Santiago?
- ¿Dónde te quedas?

Y otras más profundas si el ambiente es favorable:
- ¿Por qué haces el Camino?
- ¿Para qué lo haces?
- ¿Qué te atrae del Camino?

En fin, filosofía aplicada a cada paso, pensamientos que no tienen dobleces y en la que la sinceridad es la principal base o sustento.

Lo justito para que se establezcan las conexiones necesarias y las almas gemelas vayan compenetrándose cada vez más.

Con Onésimo se siguió todo el protocolo de preguntas anterior, aunque se dió un factor más y es que él decidió quedarse sin decirlo, unirse a la cuadrilla sin pretenderlo y de esa forma realizar el tramo de Roncesvalles hasta Logroño en nuestra compañía.

No fueron muchos días, pero el poder del Camino hizo que los lazos humanos se fortalecieran y se creara ese vínculo especial que solamente los peregrinos conocen y comprenden.

Yo he personalizado en Onésimo para referirme a ese vínculo que se crea entre peregrinos, pero vaya aquí mi recuerdo también para el introvertido vasco-francés Alain que como el rio Guadiana aparecía y reaparecía constantemente y para la madrileña de desconocido nombre que andaba acompañada de su perra Luna, una pastora alemana, leal y obediente hasta el infinito y más allá.

La peregrina madrileña con su fiel perra Luna
En fin, tantos y tantos peregrinos y peregrinas anónimos que de una forma o otra se han cruzado y por tanto han formado parte de mi Camino, como Onésimo, que quedan en mi recuerdo aunque no sepa sus nombres y a los que rindo cariñosos homenaje para todos y cada uno de ellos.


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Buen Camino