miércoles, 29 de julio de 2009

- Día 27: Misa de Peregrinos, visita a Santiago y regreso a Granada.

¡Cuánto me acordé de mi querido Ventura!

La mañana la dedicamos a pasear y a disfrutar tranquilamente callejeando por las calles de Santiago.

Lo primero fue asistir a la Misa de Peregrinos, políglota y con el latín como idioma puente. Ha resultado muy emotiva y fraternal.

Después las compras de rigor, destacando el aperitivo tomado en la terraza del Hostal de los Reyes Católicos. Toda una gozada que nos ha permitido disfrutar relajadamente de la espectacular panorámica que allí se vislumbra de la fachada principal de la Catedral por el Obradoiro.

El regreso a casa comenzó desde la Estación de Autobuses al aeropuerto de Lavacolla a las 15 horas.
Desde allí la cadena de vuelos Santiago - Madrid - Granada, para terminar esta aventura a las 23 horas en nuestra tierra.

Incluso antes de aterrizar ya estamos pensando en volver y es que el Camino tiene algo que engancha.

- Día 26: Pedrouso de Arca a Santiago (21 kms.)

Salimos de Pedrouso bastante temprano, ya que a las 7:30 horas estábamos en marcha en el Camino, siendo esto todo un record para nosotros, después de un copioso desayuno ofrecido por simpática Eli.
La ruta se inicia por un frondoso bosque de robles, eucaliptos y los abundantes helechos habituales, con algunas gotas de esa finísima lluvia gallega "chirimiri", que nos obliga a echar mano de la capa y a convertirnos, por no mucho tiempo, en los hijos del famoso jorobado de Notredame.
Llegamos pronto a Lavacolla y decididos atacamos el final de ruta, haciéndosenos el tramo hasta el Monte do Gozo muy pesado y aburrido. Una recta impenitente sin apenas sombra bajo el estabilizado sol, con eucaliptos bien alejados de nosotros. Pasamos sucesivamente junto a los repetidores de la televisión gallega y las instalaciones de RTVE, con algún que otro subibaja, para finalmente llegar al afamado Monte do Gozo.

Allí nos tomamos un reconfortante descanso y relax para nuestros pies, así como un ligero refrigerio junto a la Ermita de San Marcos.
Sentados junto a nuestras mochilas, es el momento de reflexionar mirando hacia el monumento de todo lo recorrido, a la vez que impresionarnos por la ingente cantidad de peregrinos que a esta hora del día, 12 horas, llegan como pueden a este emblemático lugar, tanto a pie como en bici, muchos de ellos en mal estado, arrastrando los pies y sacando las fuerzas desde lo más profundo y con la fé de llegar a Santiago, dando escalofríos ante semejante espectáculo.

"¡Que la Virgen María, pura, con su amado hijo, nos ayude para que devotamente encontremos a Santiago, de forma que, tras esta vida, podamos encontrar la recompensa y recibir la corona celestial que Dios ha dado a Santiago y a todos los Santos de la Corte celestial. Amén". KÜNIG VON VACH.

La calor aprieta a nuestra llegada a la ciudad de Santiago en torno a las 13:30 horas.

Enfilamos con paso decidido pero cansado, algo hundidos ya por el peso inexirable de las mochilas, la Rua de los Concheiros, pasamos por la Plaza de San Pedro y vemos aparecer al fondo una de las torres de la catedral.
Nuestro destino final se acerca.
Por medio de las calles del casco viejo de la ciudad, accedemos a la Plaza del Obradoiro, sin pararnos hasta llegar a su mismísimo centro, anodadados por el gentío y el sentimiento de haber llegado al final, mirar boquiabiertos la fachada de la Catedral de Santiago que nos saluda y acoge con los brazos abiertos de sus esbeltas torres.

Lentamente y entre el gentío subimos la escalinata para dirigirnos al interior de la Catedral por el Pórtico de la Gloria, saludando al Apóstol Santiago como lo manda la secular tradición.
Sin apenas detenernos bajamos a visitar la cripta en donde están los restos del santo, para acto seguido subir a abrazar su imagen, también cumpliendo los antiquísimos rituales.
Son momentos íntimos en el que afloran imágenes del Camino recién vivido, en el que se le pide por los seres queridos y por supuesto por aquellos que así nos lo han demandado, los abuelillos Dionisio y Castora, cumpliendo de este modo nuestra promesa.

Poco a poco, arrastrando los cansados pies y con las mochilas hundidas en la dolorida espalda, salimos por la puerta de la Plaza de las Platerías para dirigirnos hasta la Casa del Deán de la Catedral y allí obtener nuestra recompensa oficial: "La Compostela".
Son cerca de las 15 horas, nos acercamos a comer algo a un típico bar de los soportales que hay junto a la catedral, para luego, cansados y bien comidos retirarnos hata nuestro lugar de hospedaje, donde recuperarmos fuerzas para lo antes posible regresar al centro e iniciar nuestra visita turística por el viejo Santiago de Compostela.
A las 19:30 horas iniciamos un reposado recorrido por el interior de la Catedral, las plazas de alrededor, ver los regalos de recuerdo y obtener unas fantásticas vistas, gracias a una puesta de sol de lujo, en la hora dorada en la que la fachada de la Catedral en la Plaza del Obradoiro nos obsequia con sus mejores galas a modo, pensamos nosotros, de recompensa.

- Día 25: Arzúa a Pedrouso de Arca (22 kms.)

Una ruta calmada, con un trazado sin dificultad, entre robles y castaños, eucaliptos,... y gran parte del recorrido teniendo la carretera a Santiago como hilo conductor. ¡Por fin el sol ha hecho su aparición de forma esplendorosa y no hemos tenido que echar mano de la capa!
A buen rítmo y bien temprano salimos de Arzúa, haciendo paradas frecuentes para el avituallamiento, para en torno de las 14:30 horas llegar a la meta de esta jornada Pedrouso de Arca.
Allí nos hemos alojado en el albergue Porta de Santiago por 10 euros.

La imagen de la jornada es doble: La primera ha sido la reconfortante sensación vivida al entrar en el albergue de nuevas instalaciones, hechas con un decorado de un gusto exquisito, con un excelente ambiente musical superrelajante y lo mejor el trato inmejorable, cordial y amble del hospitalero o encargado del albergue. Sin lugar a dudas el mejor albergue de todos los que hemos estado y mira que todos han sido de notable para arriba. Pero encontrar un oasis de paz para el peregrino como este ha sido un sentimiento de placer de enorme intensidad.

La segunda imagen, y que es justo que permanezca en el recuerdo, ha sido el entrañable y cariñoso trato hacia los peregrinos de Eli, la chica que atiende el restaurante Che4, de una forma simpatiquísima y acogedora. Nos ha dado un trato excelente, humano y profesional, y además, la comida buenísima y muy abundante, y el precio del menú del peregrino 8 euros. ¡Increible pero cierto!
Desde aquí recomendamos este sitio porque se lo merecen de verdad.

¡¡¡Y mañana llegamos a Santiago!!!

- Día 24: Palas de Rei a Arzúa (29 kms.)

Esta es la etapa reina en distancia y de nuevo bien temprano nos disponemos a salir desde Palas de Rei para, con algo de lluvia, aunque con un cielo esperanzador de mejoría de tiempo, adentrarnos en la inmensidad del espacio galáico: bellos senderos, arroyos, bosques impresionanes de robles, castaños, álamos negros, todos ellos alfombrados de espesos y verdes helechos, zarzas e infinidad de arbustos y otras hierbas.
Ha resultado muy atractivo el tramo desde San Xulian a Coto, de nuevo auténtica Galicia profunda. Aldeas de pizarra con desgastadas iglesias románicas, cruceiro delante y cementerio a todo su alrededor.

Sigue la jornada con intervalos de claros y nubes con algún que otro chubasco, que nos impide despojarnos de las capas protectoras. El trazado de este tramo es rompepiernas, con subidas y bajadas continuadas, que ponen a prueba las piernas que ya van acumulando el cansancio de tantos kilómetros. Pasamos Furelos y disfrutamos del sabroso pulpo y vino de ribeiro en la acogedora Melide.
Subiendo y bajando una valle tras otro, dejamos atrán en Ribadiso un precioso albergue junto al rio por estar completo. Una subida final de casi 3 kms. nos hace desgastar las ya mermadas fuerzas para llegar hasta el Albergue de Peregrinos Don Quijote en Arzúa, donde por 8 euros nos alojamos cómodamente.
Paseamos por sus plazas y calles, asistimos a la Misa de Peregrinos como viene siendo habitual y pronto a descansar para recuperar las fuerzas desgastadas en tan dura jornada.

La imagen de la jornada, sin lugar a dudas estuvo en la aldea de Furelos, antes de llegar al populoso Melide.

En un momento de gran desfallecimiento físico, desembocamos en la iglesia de Furelos, con la idea de sellar nuestra credencial. Allí nos esperaba la gran sorpresa del Cristo de Furelos, que desciende su mano derecha para levantar y dar fuerza al peregrino. Singular talla que viene a dar fuerza a mi teoría de la Cultura del Camino, en este caso demostrando como ha influido en la imaginería de la zona.
Esa especial pose del Cristo que abandona su cruz para dar su mano derecha al peregrino con la clara intención de ayudarle y darle fuerzas ha sido muy reconfortante, así como la especial bendición con que fuimos 0bsequiados por el cura párroco de la aldea de Furelos.
Visitar esta iglesia ha sido algo muy relajante y reconfortante y para acabar de arreglarlo todo, estaba a la vuelta mi amigo de la pulperia de Melide.
Y es que el Camino es así...

- Día 23: Portomarín a Palas de Rei (24 kms.)

Con un cielo amenazador, salimos a buen ritmo antes de las 8 de la mañana de Portomarín, atravesando la pasarela sobre el Embalse de Belesar y el rio Miño.
Una subida continuada de más de 10 kms. nos llevó hasta las Ventas de Narón, por medio de un paisaje grandioso, con bosques de antiquísimos castaños y centenarios robles, frondosos prados de hierba y helechos gigantescos, atravesando la sierra de Ligonde, bajo un fortísimo viento de costado y un tremendo temporal de lluvia, que sorpotamos estoicamente bien cobijados bajo nuestra querida "capa de Santiago".
Posteriormente nos adentramos en un tramo maravilloso de la "Galicia profunda": casas de pizarra, extensos paisajes donde el verde frondoso de bosques y prados se puntea con numerosas vacas.
Nos llama la atención al pasar por Hospital da Cruz, el pasar sucesivamente por delante del que fué Hospital de Peregrinos y poco después por el Cementerio de Peregrinos.

Más adelante Eirexe nos sorprende por lo rehabilitado de sus casas, en las que la pizarra y la piedra labrada son el material básico. Esta pasar continuado entre viviendas y zonas habitadas, nos hizo ameno el camino, nos llevó cansados pero satisfechos hasta nuestro final de etapa en Palas de Rei.
Nos llama la atención los precios tan bajos que hemos encontrado en restaurantes y bares.
Al estar el Albergue Buen Camino completo, no tenemos más remedio que buscar la alternativa de la Pensión Guntina (30 euros) que sin más problema nos da buen cobijo. Pronto a dormir, arropados bajo una manta y acordándonos del abuelillo Dionisio y del abuelillo de la tienda que nos ha vendido la fruta al estilo de antes. En algunos momentos parece como si retrocediéramos en el tiempo.

Como imagen impactante de la jornada, está la subida del puerto hasta Ventas de Narón bajo un terrible temporal: fortísimo viento de costada que nos amenazaba con tirarnos y una intensa lluvia, a la vez que una hilera continuada de peregrinos plantaba cara a tan dura prueba, agachados bajos las respectivas "capas de Santiago" como discipulos disciplinados del Jorobado de Notredame.

La otra imagen de la jornada ha sido cuando el tiempo ha mejorado y hemos entrado en la ya mencionada segunda parte de la etapa, en la que un rosario de aldeas típicas, nos han deleitado con sus construcciones de pizarra, cruceiros, iglesias románicas, pilares, lavaderos y fuentes.

La cara y la cruz, como es el Camino y la vida misma.

- Día 22: Sarria a Portomarín (21 kms).

Etapa muy bonita que nos ha permitido adentrarnos de lleno, en los paisajes típicos de Galicia.
La dureza del Camino la han puesto el viento y sobre todo la lluvia.
Alrededor de las 8 de la mañana, empezamos el recorrido por las calles de Sarria, que pronto nos llevan hasta el frondoso bosque mezcla de robles, eucaliptos y helechos, que se alternan con extensos prados donde tranquilamente pastan las manadas de vacas.
Hemos llegado al Albergue Ferramenteira en Portomarín en torno a las 14:30 horas. Total 6 horas y media con descansos incluidos, y de ellas, las últimas 5 horas de lluvia continuada.

En Ferreiros, totalmente empapados, hicimos la gran parada con exquisito caldo gallego y bocata incluido, lo que nos dió la vida y nos hizo recuperar las fuerzas de una forma espectacular. Allí compramos la capa para la lluvia que se convertiría en nuestra gran compañera. Esta capa se ha constituido en una gran compra, ya que tapa hasta la mochila y este dia fue bautizada con abundantísima agua, recibiendo el nombre de "Capa de Santiago".

La entrada a Portomarín, atravesando bajo la lluvia el puente sobre el Embalse de Belesar, es de esas imágenes que se quedan grabadas en el recuerdo de forma indeleble.

El Albergue Ferramenteira (9 euros) dispone de unas instalaciones excelentes, amplio, limpio, nuevo, acogedor y con toda clase de servicios, tiene una situación privilegiada hacia el Rio Miño, ofreciendo unas panorámicas espectaculares que bajo la lluvia nos hacen pensar en lo bien que viene el disponer de un buen techo para pasar la noche.

La imagen impactante de la jornada, la huella que deja el Camino en el recuerdo de este primer dia, ocurrió cuando pasábamos junto a una típica casa de campo, hecha de pizarra, en las que se confunden la vivienda y el establo. De forma inesperada vimos como de forma acansinada salían y se cruzaban delante 6 o 7 vacas, algunas de ellas de tamaño espectacular, acompañadas de una abuelilla con un brazo en cabestrillo y de un abuelillo con su boina bien calada y un paraguas que colgando del cuello de la chaqueta caía sobre su espalda, previsor el buen hombre. Magistralmente, con su vara, fue conduciendo las vacas por el camino hasta que un poco más adelante se desviaron hasta un extenso prado. Nosotros tuvimos que parar para ceder el paso a "les vaques y al vaqueiro", algo que el hombre nos agradeció efusivamente, a la vez que nos preguntaba que si eramos de Madrid, sirviendo la pregunta como inicio de un breve diálogo. Al despedirse, nos deseó un Buen Camino y nos rogó que pidiéramos al Santo Santiago por él (Dionisio) y por su señora (Castora), a la vez que nos obsequiaba con una naranja a Mari y con una manzana a mí. Comprendí que esa era su comida para echar la mañana, y le dije que era suficiente con la naranja. Sin muchas ganas, se guardó la manzana en el bolsillo, para sacar a cambio una nuez que ya no pude rechazar. De nuevo nos insistió en que al llegar hasta Santiago le rogáramos por ellos, y entendimos que naranja y nuez eran como una especie de pago para que no olvidáramos su petición. Algo impresionante por su extrema sencillez y humanidad.

Esta anécdota me hizo captar de inmediato y más al referirse a personas tan mayores, lo que es y ha sido para estas personas el ver y cruzarse, dia a dia, con tanta gente de paso, algo que les ha hecho educarse en lo que he venido a denominar la Cultura del Camino, en el que el respeto ancestral, con un fuerte matiz religioso, se centra en la figura del peregrino.

El Camino de Santiago del 2009: De Granada a Sarria (Lugo).

Una vez finalizada la experiencia del camino a pie, llega el momento de escribir para el recuerdo, aprovechar las anotaciones hechas en el Diario del Camino y reflexionar acerca de tanta vivencia acontecida.
Hacerlo todo en una sola entrada es posible, pero puede quedar algo o demasiado largo o demasiado corto, según se mire, por eso he optado por transcribir el contenido del diario en entradas diferentes, empezando por el primer día, el del traslado en avión desde Granada a Santiago de Compostela y desde allí, buscarnos la vida para llegar hasta Sarria, nuestro punto de inicio del recorrido. Toda una aventura en carrera continuada que bien vale la pena contar por si viene bien en el futuro.

Más o menos, el resumen de la historia de estos dos peregrinos malenos en el Camino de Santiago es este:

[21/07/2009] De Granada a Sarria.
Iniciamos el día saliendo en avión desde Granada a Madrid, galopante carrera por la colosal e inhumana T4 de Barrajas, para coger a tiempo el avión que nos conduce hasta el aeropuerto de Lavacolla. Desde allí, cogemos el autobús que nos lleva hasta la Estación de Autobuses de Santiago de Compostela, en donde esperamos para coger el autobús que va hasta Lugo (14:30). Una vez allí tomamos otro autobús (17:30) que nos lleva hasta Sarria, lugar en donde nos encontramos tras una media hora de viaje.

El alojamiento lo hacemos en el Albergue Internacional de Peregrinos, donde somos recibidos muy amablemente por Francisco (Kiko), persona afable y servicial que nos ayudó y orientó en todo momento. El alojamiento cuesta 10 euros y está muy cerca de la Parroquia de Sarria y nos ofrece unas instalaciones muy límpias, acogedoras y poca gente, lo que nos hace pensar en que hemos tenido suerte.

Entre los consejos de unos y de otros, al final optamos por llevar adelante nuestro Camino a Santiago siguiendo las siguientes etapas:
- Día 22: Sarria a Portomarín (21 kms).
- Día 23: Portomarín a Palas de Rei (24 kms.)
- Día 24: Palas de Rei a Arzúa (29 kms.)
- Día 25: Arzúa a Pedrouso de Arca (22 kms.)
- Día 26: Pedrouso de Arca a Santiago (21 kms.)

Preparamos la Credencial del Peregrino en la Parroquia (1 euro) y después de un corto paseo por el centro de Sarria y una frugal cena, nos apresuramos a descansar, que mañana empieza el camino de verdad.

"Seguir senderos nacidos de incontables pisadas,
huellas de fé, dolor y sufrimiento,
que conducen peregrinos hasta el apóstol Santiago."

La cultura del Camino de Santiago.

¡Buen Camino! Esa es la expresión cotidiana que emplean los peregrinos cada vez que cruzan sus pasos. Y un buen camino es el que hemos tenido estos dos malenos que han ido a realizar un tramo (Sarria a Santiago de Compostela en 5 etapas, 116 kms.) de esta ancestral ruta de peregrinaje, en el que los motivos religiosos y culturales se entremezclan, creando unas sensaciones difíciles de explicar.

Es cierto que el Camino de Santiago engancha, deja huella y que crea adicción. El sufrimiento, el sudor, la lluvia, el frio, la calor, el viento, la niebla, las rozaduras, las ampollas, el cansancio, el dolor,... al final pasan y se olvidan pero dejan el alegre regusto de la superación, de haber conseguido llegar a la meta gracias al esfuerzo propio. Sentir que has pasado por donde lo hicieron otros, miles de peregrinos, cada uno con su historia personal, provoca una intensa sensación de humanidad, de paz y de bienestar de primer orden.

Cada cual hace su Camino a su manera, pero he llegado al convencimiento de que lo importante y atractivo del Camino de Santiago está en las cosas pequeñas, en los detalles humanos de los peregrinos y de las gentes que los ven pasar día a día, creando lo que bien podría denominarse la Cultura del Camino.

Y ahora mismo, en este preciso instante, como desde hace tantos y tantos cientos de años, día a día, peregrinos venidos de todo el mundo van, paso a paso, algunos de ellos casi arrastrándose en esfuerzo que raya en lo sobrehumano, recorriendo esos senderos de siempre, de los que en un instante preciso formamos parte de él, y es que "El Camino lo hacemos todos nosotros en un momento u otro de nuestra vida y tiene su razón de ser y trascendental en el hecho humano colectivamente concebido".

No hay dos Caminos de Santiago iguales, ya que cada cual lo hace y lo siente a su manera.

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miércoles, 8 de julio de 2009

De vuelta al Camino.

En el 2008 la experiencia del Camino del Norte en bici de montaña, ha traído esta vuelta al Camino, esta vez para recorrer a pie un tramo del Camino Francés. En concreto el que va desde Samos hasta Santiago.

Y esta es la primera parte de esta nueva experiencia, de un nuevo Camino que se avecina expectante... Planificar desde la reflexión es volver a sentir paisajes, visiones de ensueño, olores y sonidos de ese Camino que poco a poco nos acerca hasta el Apóstol, y es que Santiago siempre se vislumbra al fondo.


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Buen Camino