lunes, 1 de agosto de 2011

HOSPES ERAM ET COLLEGISTIS ME (Pedro Tremendo)

Pasó y repasó la escoba por el suelo de tierra. Lo hacía todos los días, cuando anochecía en el páramo. Luego siguió tallando su pequeña cruz de madera, siempre había sido artesano. Salió al exterior, donde un viento abrasador batía los escasos hierbajos que aún medraban en aquel erial. A lo lejos, también como siempre, Pedro Tremendo escuchó el silbido del tren que ceñía el horizonte, la única señal humana en aquella paramera desolada. En lontananza, las ruinas de un silo.

El sol se suicidaba como de costumbre cuando se sentó ante la puerta de la choza y lió un cigarrillo. El verano tocaba a su fin y, distraído, miró el destartalado cartel que el mismo había colocado sobre la puerta: "Hospital de Peregrinos". Con infinita melancolía, acarició el cartel. Aunque llevaba cinco años en aquellas soledades, aunque estaba a doscientos metros del Camino, sólo los primeros
meses algún peregrino se había detenido en su choza. Luego nada, nada ni nadie, durante años enteros. Ni siquiera pasaban ya peregrinos por el polvoriento Camino, tan cercano. Abrumado, se incorporó, mientras miles de estrellas asomaban ya a la noche clara de Castilla.

Atrancó la puerta y, siguiendo el ritual, encendió el carburo que alumbraba sus tinieblas y encendió una pequeña lumbre, empezaba a hacer frío. Luego se arrodilló y comenzó a rezar. Eran oraciones sencillas, oraciones de niño, pero eran las oraciones que sabía Pedro Tremendo. Con manos callosas, al fin y al cabo toda su vida había manejado herramientas, se santiguó lentamente, él estaba en paz con su mundo. "Padre nuestro..."

Y entonces fue cuando llamarón a su puerta:
- Toc, toc, toc.

Pensó que había sido una ilusión, una quimera, pero no, al poco unos nudillos poderosos volvieron a arreciar contra la madera:
- Toc, toc, toc.

Pedro abrió la puerta. En el umbral, un peregrino. O, al menos, eso parecía: bordón, mochila, enorme sombrero de paja y vieira en el pecho. Era un hombre joven y recio. Pedro se emocionó:

- ¡ Adelante ! ¡ Estás en tu casa ! No tengo luz, no tengo agua, no tengo casi nada, sólo un poco de pan y mi hospitalidad. ¡ Adelante ! ¡ Pasa!

El peregrino franqueó el umbral de la choza y, sosegadamente, se desprendió de la mochila. Destocado, buscó un taburete, mientras con un chasquido de su garganta rehusaba el mendrugo que le extendía Pedro. Alto, enjuto, el peregrino vestía vaquero y camiseta. La camiseta llamó la atención de Pedro, estaba llena de triángulos que se superponían. También le llamó la atención su mirada, era una mirada impertinente, fija, inquisitiva.

- Me llamo Pedro Tremendo, ofrezco mi hospitalidad en este desierto. ¿Cuál es tu nombre?

- Leonard. Pero tú puedes llamarme Leonardo.

- Vas a Santiago, claro.

- Vuelvo de Santiago.

El peregrino sacó una pipa, la cargó lentamente y, sin apartar un momento sus ojos de los de Pedro, la prendió con un tizón de la lumbre. Entonces, empezó a hablar.

- Llevas cinco años en este desierto. Nadie para en tu casa. Año tras año sales ilusionado a tu puerta buscando peregrinos de Santiago. Nadie viene y nadie va a venir.

- Pero... yo ofrezco mi hospitalidad en el Camino de Santiago. Doy todo lo que tengo.

La cara de Leonardo se transfiguró en un rictus de dureza. De pronto, estalló en una carcajada estruendosa, brutal, interminable.

- ¡ Infeliz !, ¿hospitalidad? ¿Camino de Santiago? - Leonardo se ahogaba en carcajadas

- El Camino de Santiago, alma de cántaro, ya no existe. ¿Hospitalidad? Pero... en que mundo vives. Mírate, para el mundo eres un pobre payaso, eres patético.

- Pero... yo he dejado todo lo que tengo por esto, yo me quiero dar a los demás.

- Sí, pero a los demás les importa un huevo lo que tu quieras dar. ¿Has mirado a tu alrededor? ¿has visto tu guarida? ¿has visto la mierda de "albergue" que ofreces? No estás en el mundo. ¿Has visto esta paramera, desde siempre maldecida por los peregrinos de diseño?

En una Europa envejecida, te has situado en el Pleistoceno. Nadie vive ya por aquí, se han ido todos, nadie vendrá tampoco por aquí. Y nadie quiere tu hospitalidad, alma de cántaro.

- Pero... ¿y el Camino?

- ¡Ah, el Camino!. Lo han destruido, ¿no te has enterado? No evidentemente no.
Aquello degeneró, mataron la magia, y la moda como vino se fue. La moda de caminar claro, "homo viator", la moda de echarse al mundo. Pero no temas, ahora no se camina pero se hace el Camino igual.

Pedro Tremendo comenzó a llorar. Pedro Tremendo era ingenuo, noble, un hombre bueno. El sólo había querido servir a los demás. Y aquel hombre estaba destruyendo su mundo.

- No llores hombre, no llores. Como puedes comprender hay demasiados intereses ya como para dejar que toda esa historia se viniera abajo. Siguen llegando peregrinos por miles y miles a Santiago. Hay problemas de alojamiento, de horarios, de todo tipo. Es que ahora han inventado un parque temático y todo arreglado, el parque temático del Camino de Santiago. Lo de caminar ya era un asco, se venía abajo, un atajo de ladrones que dejaban a Alí Babá como una ursulina acabaron con casi todo. Pero lo del parque ha sido un bombazo, claro está que los hay por todas partes, en Burgos tienen el parque temático del Cid, en Logroño el de las pastillas de café con leche, en Covadonga el de la Reconquista, un bombazo, pero nada iguala al parque del Camino de Santiago. Al fin y al cabo lo único que hicieron fue fijarse en Lourdes y Fátima, estaba tirado. De rentabilidad ni te cuento, a tope.

- No entiendo, no entiendo nada.

- Eres un paleto, Pedro, un paleto absoluto. En el Monte del Éxtasis (Monte do Gozo) han instalado un tinglado que ni en Disneylandia, se veía venir, los peregrinos flipan, hacen un Camino virtual, con sensorround, cinemascope y todo, en dos horas salen despachados, atados a una butaca pasan frío en los Pirineos, se asan en Castilla, sudan en La Faba, les dan una ración de pulpo de las que repartían en plan cafre en Melide.y también una queimada como la que incendiaba un loco en Villafranca. Y además, es Camino a la carta, a los brasileños les dan una estatua de un santo, San Pablo Conejo, y la pasean llenos de felicidad hasta Santiago, la línea aérea esa que tienen, Varig, no da a basto.

Y ni te imaginas los gabachos, antes de empezar el paseo virtual (sólo por el Camino Francés, of course), un tipo disfrazado de Aymeric Picaud se dedica a insultar a los navarros. Una vez provocado el infierno chauvinista disfrutan como energúmenos, un exitazo. Y, además, el parque es temático de verdad, La Via de la Plata la presenta un torero, El Niño de la Platea, un desmadre, echan por el suelo hasta bosta de toro, auténtico, una pasada. Y para presentar el Camino Primitivo se han traído al tipo ese de Atapuerca que da tan majo con sombrero colonial. Asisten todos los peregrinos disfrazados de Homo Antecesor, es fantástico. Prefiero no explicarte lo que han hecho con el Camino Inglés, te veo un poco agobiado, todavía no te he contado como un rapero recibe a los peregrinos virtuales con el Dum Pater Familias transformado en rap furioso, les encanta, se vuelven locos...

- ¿Niño de la Platea? ¿Pulpo? ¿Rap?... ¡ de qué me hablas Leonardo !

- De supervivencia, amigo, cada época, y los hombres de cada época, tienen lo que se merecen y lo tienen inevitablemente, invariablemente, y este Camino es hijo de su época. Pero no he terminado. En el bombazo han tenido una influencia primordial los patrocinadores. Ha sido increíble, fantástico. Imagínate que en el "Cutre Irlandés", por un pack de gaseosa americana, te dan la credencial. Y "Jodidas", una marca de ropa deportiva, reparte "compostelas" dos por uno, es decir, yo viajo a Jakobsland y me dan una a mi y otra para mi primo. Un exitazo, hay verdaderas hostias, todo el mundo quiere el papelajo ese.

Por cierto, la papela en cuestión fue - con los ladrones- uno de los principales culpables de la extinción del pringoso camino a la antigua. Pero a los canónigos les han convencido, les han adecentado la catedral, ahora en vez de la Berenguela han colocado un carillón que toca el "hermano Jacques", el Pórtico de la Gloria es virtual y al Apóstol lo han colocado sobre un caballo blanco en un tío-vivo instalado en el Obradoiro. Respecto al botafumeiro, de alucine, ahora se despendola de torre a torre de la catedral con una pancarta colgando que anuncia el parque temático. Están encantados, encima la reputada casa "Pestlé" les surte todos los días de chocolate con picatostes.

- ¿Y entonces tú por qué estás recorriendo el Camino a la inversa?

- Yo soy una especie de comisionado de la Administración, ando recogiendo la basura del Camino, tengo el encargo de recogerlo todo, que todo quede aséptico y aseado. Lo último que hice fue recoger a un pobre tipo en los Montes de León, andaba medio loco, clamando al cielo envuelto en un manto de templario, le hemos internado en un manicomio de Astorga. Y, ahora, claro, vengo a recogerte a ti, Pedro Tremendo.
- Ya. ¿Puedo recoger mi pequeña cruz de madera?

- Tú mismo. Pero debemos irnos enseguida.

Una luna cornuda rielaba sobre la llanura inmensa. Pedro cerró la puerta de la choza. Lentamente, alcanzó a un impaciente Leonardo. Y la noche de Castilla los vio alejarse entre la polvareda eterna que azotaba el páramo. Pedro volvió su rostro, arrasado en lágrimas, hacia la humilde choza. El diablo también lo hizo. Sonreía.

Desde Galicia, sin luna, salvo en la Quintana de Mortos, con todo el Camino envuelto en bruma y tristeza, José Antonio de la Riera.

Buen Camino