miércoles, 29 de julio de 2009

- Día 26: Pedrouso de Arca a Santiago (21 kms.)

Salimos de Pedrouso bastante temprano, ya que a las 7:30 horas estábamos en marcha en el Camino, siendo esto todo un record para nosotros, después de un copioso desayuno ofrecido por simpática Eli.
La ruta se inicia por un frondoso bosque de robles, eucaliptos y los abundantes helechos habituales, con algunas gotas de esa finísima lluvia gallega "chirimiri", que nos obliga a echar mano de la capa y a convertirnos, por no mucho tiempo, en los hijos del famoso jorobado de Notredame.
Llegamos pronto a Lavacolla y decididos atacamos el final de ruta, haciéndosenos el tramo hasta el Monte do Gozo muy pesado y aburrido. Una recta impenitente sin apenas sombra bajo el estabilizado sol, con eucaliptos bien alejados de nosotros. Pasamos sucesivamente junto a los repetidores de la televisión gallega y las instalaciones de RTVE, con algún que otro subibaja, para finalmente llegar al afamado Monte do Gozo.

Allí nos tomamos un reconfortante descanso y relax para nuestros pies, así como un ligero refrigerio junto a la Ermita de San Marcos.
Sentados junto a nuestras mochilas, es el momento de reflexionar mirando hacia el monumento de todo lo recorrido, a la vez que impresionarnos por la ingente cantidad de peregrinos que a esta hora del día, 12 horas, llegan como pueden a este emblemático lugar, tanto a pie como en bici, muchos de ellos en mal estado, arrastrando los pies y sacando las fuerzas desde lo más profundo y con la fé de llegar a Santiago, dando escalofríos ante semejante espectáculo.

"¡Que la Virgen María, pura, con su amado hijo, nos ayude para que devotamente encontremos a Santiago, de forma que, tras esta vida, podamos encontrar la recompensa y recibir la corona celestial que Dios ha dado a Santiago y a todos los Santos de la Corte celestial. Amén". KÜNIG VON VACH.

La calor aprieta a nuestra llegada a la ciudad de Santiago en torno a las 13:30 horas.

Enfilamos con paso decidido pero cansado, algo hundidos ya por el peso inexirable de las mochilas, la Rua de los Concheiros, pasamos por la Plaza de San Pedro y vemos aparecer al fondo una de las torres de la catedral.
Nuestro destino final se acerca.
Por medio de las calles del casco viejo de la ciudad, accedemos a la Plaza del Obradoiro, sin pararnos hasta llegar a su mismísimo centro, anodadados por el gentío y el sentimiento de haber llegado al final, mirar boquiabiertos la fachada de la Catedral de Santiago que nos saluda y acoge con los brazos abiertos de sus esbeltas torres.

Lentamente y entre el gentío subimos la escalinata para dirigirnos al interior de la Catedral por el Pórtico de la Gloria, saludando al Apóstol Santiago como lo manda la secular tradición.
Sin apenas detenernos bajamos a visitar la cripta en donde están los restos del santo, para acto seguido subir a abrazar su imagen, también cumpliendo los antiquísimos rituales.
Son momentos íntimos en el que afloran imágenes del Camino recién vivido, en el que se le pide por los seres queridos y por supuesto por aquellos que así nos lo han demandado, los abuelillos Dionisio y Castora, cumpliendo de este modo nuestra promesa.

Poco a poco, arrastrando los cansados pies y con las mochilas hundidas en la dolorida espalda, salimos por la puerta de la Plaza de las Platerías para dirigirnos hasta la Casa del Deán de la Catedral y allí obtener nuestra recompensa oficial: "La Compostela".
Son cerca de las 15 horas, nos acercamos a comer algo a un típico bar de los soportales que hay junto a la catedral, para luego, cansados y bien comidos retirarnos hata nuestro lugar de hospedaje, donde recuperarmos fuerzas para lo antes posible regresar al centro e iniciar nuestra visita turística por el viejo Santiago de Compostela.
A las 19:30 horas iniciamos un reposado recorrido por el interior de la Catedral, las plazas de alrededor, ver los regalos de recuerdo y obtener unas fantásticas vistas, gracias a una puesta de sol de lujo, en la hora dorada en la que la fachada de la Catedral en la Plaza del Obradoiro nos obsequia con sus mejores galas a modo, pensamos nosotros, de recompensa.

1 comentario:

Ventura Varela M dijo...

Muy buen reportaje, Luis.

Gracias!

Buen Camino