jueves, 2 de julio de 2015

Crónicas del Camino Francés 2015 - 3: Japoneses y Coreanos del Sur en el Camino


Por su singularidad, coreanos y japoneses llaman poderosamente la atención siempre, pero en el Camino más, sobre todo porque van tapados de arriba abajo y no muestran ni un centímetro de piel temiéndole a las quemaduras del sol. Es increíble verlos totalmente cubiertos en los días de calor cuando el astro rey hace su mayor acto de presencia.

Es increíble verlos totalmente cubiertos en los días de calor cuando el astro rey hace su mayor acto de presencia.
Lo primero ha sido saciar mi curiosidad sobre el porqué de la multitud de coreanos (del Sur) en el Camino de Santiago. Investigando un poco en la red, he encontrado una breve reseña que explica los motivos. Me cuesta trabajo entender cómo personas de una cultura tan dispar y del otro lado del globo se animan a venir a España para hacer el Camino.

También llama la atención, que prácticamente todos los coreanos son muy jóvenes, ya que según me explicaron ellos mismos, primero terminan sus estudios y antes de reintegrarse al mundo laboral, se plantean como meta el hacer el Camino de Santiago. ¿Por qué?


"Corría el año 2011 cuando una escritora coreana, Kim Hyo Sun, se convirtió en la nueva Paulo Coelho del Camino de Santiago. Mientras que hace una década sólo 24 surcoreanos peregrinaron hacia la tumba del apóstol, Kim Hyo, con sus tres libros sobre la Ruta Jacobea, vendió 100.000 ejemplares y logró que miles de compatriotas recorrieran los más de 10.000 kilómetros que separan Galicia y Corea del Sur."

Alegres, simpáticos, divertidos y extremadamente educados y respetuosos.
Y allí estaban los simpáticos coreanos del sur y también los japoneses.

El caso de los japoneses es distinto, ya que la mayoría de los peregrinos de esta nacionalidad, son gente mayor, jubilados, con esa inquietud propia de los nipones que todo lo quieren saber y conocer.

Dicho todo lo anterior me detengo a comentar sobre tres peregrinos japoneses con los cuales he compartido pisadas y tramos del Camino.

Yam la persona más educada y cariñosa que jamás he conocido, dándonos unas clases de saludo japones: Arigato, Yam.
En primer lugar, hablo de Yam, peregrino japonés, la persona más educada y cariñosa que jamás he conocido.
Yam se hizo querer desde el primer momento. Un hombre mayor, aparentemente de corta estatura, con una mochila gigantesca, lleno de cachivaches por todos lados. Al principio llamaba la atención porque constantemente estaba sacando y metiendo bolsas y cosas de la mochila. Nervioso e inquieto.
Era el primero en levantarse en el albergue, y con su linterna de luz roja colgada al cuello, empezaba a dar bandazos de un lado a otro antes que nadie. Discreto y silencioso, procuraba siempre pasar desapercibido y no molestar, aunque claro, ¡a esas horas! no lo conseguía y al final todo el mundo estaba pendiente de él.

No hablaba absolutamente nada de español y su afán de aprender le llevaba a apuntarlo todo en una pequeña libretilla. En el albergue de Nájera, por primera vez, se me acercó para preguntarme cómo se decían y se escribian los nombres de personas, de objetos, etc., que yo le iba diciendo y que él como podía iba anotando trabajosamente. Apuntó nuestros nombres, y me pidió que le dijera cómo se pronunciaban. Haciendo un gran esfuerzo, Yam repetía y repetía pacientemente, hasta conseguir que sonaran prácticamente bien.

Cuando me lo contó, me hizo mucha gracia saber que las primeras palabras que aprendió en español fueron: por favor, caña y paella.
Siempre estaba saludando con sus manos juntas y flexionando la cabeza, en plan reverencia, hacia adelante y no titubeo al decir que me parecía la persona más respetuosa y educada del mundo que jamás haya conocido.
Él era muy detallista y meticuloso, llevaba dos relojes, uno en cada muñeca que marcaban la hora de España y de Japón y cuando sonaba la alarma, inmediatamente paraba porque decía con gestos que tenía que comer y descansar.
Creo recordar que lo perdí de vista en la etapa de Nájera a Grañón. Yam, se quedó en el Camino, apartándose entre unos cereales y esta vez cuando dijo que se paraba a descansar, nos obsequió con su última reverencia y ya no lo volví a ver más.
Pero de Yam, me queda su imagen y su sonrisa bondadosa.

...esta vez cuando dijo que se paraba a descansar, nos obsequió con su última reverencia y ya no lo volví a ver más: Sayônara, Yam.
Y ahora toca referirme a otros dos peregrinos japoneses, Esta vez se trata de una pareja muy joven. Los sorprendentes y también educadísimos, la pequeña Haruna y el gran Tomo, que fui viendo sucesivamente en multitud de etapas, siempre sonrientes y saludando a todo el mundo con continuadas inclinaciones de cabeza, hasta que al final y después de tantos días de encontrarnos ya nos saludábamos muy efusivamente y con bastante afecto. Haruna no hablaba prácticamente nada de español, solo inglés. Tomo si sabía un poquito de español y el inglés, así que fue una buena ocasión para practicar.

La pequeña Haruna y el gran Tomo.
Todo un contraste verlos caminar. Mientras Tomo daba un paso-zancada, ella, Haruna, tenía que dar dos. En multitud de ocasiones y durante bastante tiempo andé detrás de ellos solamente por verlos y era todo un espectáculo ver lo acompasados que iban. Él a paso largo y relajado, mientras ella daba los dos nerviosos pasitos. ¡Qué divertido era contemplarlos a distancia! Siempre charlando, alegres, simpáticos y divertidos.

Al final, lo preguntaban todo y cuando les explicaba lo que era un hórreo, Tomo ponía una cara de asombro al comprender su utilidad y desencajaba el rostro al intentar pronunciar la "rr". Yo me divertí mucho con el grandullón, al enseñarle palabras como perro, hórreo y churros que por cierto le encantaban al tragón gigante, que sonaban en su boca a "pero", "horeo" y "churo". Una misión casi imposible en la que, al final ,todos terminábamos carcajeando.

Una tarde en Pedrouso, estaba tomando café junto a Santiago, el peregrino de Sabiñánigo, en la terraza de una cafetería, cuando pasaron Tomo y Haruna y los invitamos a sentarse y a tomar algo. ¡Qué caras de asombro y perplejidad! No podían entender el concepto de invitarlos a un té. Y de un ¡Ooooooooh, no, no, costar dinero! a duras penas aceptaron la invitación con miles de inclinaciones de cabeza y otras tantas repeticiones de la palabra ¡gracias!


Cruz de un antiguo Cementerio de Peregrinos
Otro momento en el que me dejaron asombrados fue cuando pasamos junto a la cruz de piedra de un Cementerio de Peregrinos y les expliqué que aquel espacio en la antigüedad era utilizado para enterrar a los peregrinos que fallecían mientras hacían el Camino. Ellos, al principio pusieron su más amplia cara de asombro, soltaron unos continuados y largos "Oooooooooh" y finalmente juntaron las manos y reverentes bajaron las cabezas durante unos instantes en señal de respeto y de oración. Nos quedamos todos en silencio en esa actitud y al final el que acabó perplejo, sorprendido y admirado fui yo. ¡Qué sensibilidad demostraron!

Ellos se quedaron en el Monte do Gozo para disfrutar más del Camino, que según me explicaron se resistían a terminar y que procuraban alargar de todas las formas. Allí los ví por última vez y allí quedan en mi recuerdo.
Haruna, Tomo, Luis y la israelí Ina.
Regalos de Tomo y Haruna


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Buen Camino