martes, 7 de julio de 2015

Crónicas del Camino Francés 2015 - y 10: Mis fundidas botas ocupando un lugar de honor en el Camino: el Monte do Gozo.

Para terminar esta serie de entradas que he llamado Crónicas del Camino Francés 2015, no quiero dejar de hacerlo sin dedicarle unas palabras a un objeto entrañable: mis fundidas botas, que me acompañaron en todas y cada una de las pisadas desde el principio hasta el momento en que decidí que ya habían dado de sí todo lo que tenían que dar.


Llevaría un tercio del Camino cuando me dí cuenta de que la suela de mis botas, por la parte del talón, empezaba a despellejarse y a levantarse la capa más exterior.
"Veremos a ver si aguantan y no me dejan tirado", me dije al ver el daño.

Y efectivamente, cada vez más desgastadas, más rotas, han aguantado como unas campeonas y malheridas y todo, me pusieron en las puertas de Santiago después de hacer más de 800 kms., y los que ya tenían de antes.

Han sido unas fieles y leales compañeras, por eso me dolía pensar que iban a acabar en un contenedor de la basura. Sinceramente no se lo merecían.

Botas abandonadas por peregrinos en el Camino
A lo largo del Camino es frecuente ver que muchos peregrinos dejan sus botas rotas, desgastadas y sufridas en lugares diversos, lo cual me dió pie a pensar que las mías se merecían más que ningunas otras botas, el mérito de descansar en un sitio de honor, que para eso me habían llevado y traído por tantos caminos y veredas.
Y qué mejor lugar que las puertas de Santiago de Compostela, en el Monte do Gozo, junto al monumento, retiradas del bullicio de los peregrinos, colgadas a distancia en un cercano arbolillo, para contemplar sin molestar a todos lo que por allí se acercan, como a mi me gusta, discretamente ver sin ser visto.
Se merecían ese homenaje y de alguna forma pensaba también que quedaran como mudo testigo de todo lo malo y bueno vivido a lo largo de mi Camino.
En el fondo, sé que el Camino volverá a efectuar su llamada y cuando vuelva sería bonito el reencuentro con ellas.
Es un deseo oculto en el profundo subconsciente, un sentimiento de encontrarlas a la vuelta.

Mis fundidas botas en el arbolillo del Monte do Gozo, ¿esperando la vuelta?
Aquí os dejo un vídeo e imágenes de tan emotivo momento.



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Buen Camino