miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cuidados podológicos en el Camino de Santiago.

Elegir el calzado adecuado y tratar los pies después de cada etapa son esenciales para completar la Ruta Jacobea con salud.

El Camino de Santiago es una importante ruta de peregrinación que recorren miles de personas con el fin de llegar a Santiago de Compostela, ciudad en la que se veneran reliquias del apóstol Santiago el Mayor. Durante toda la Edad Media fue muy concurrido, después fue ligeramente olvidado y en la actualidad ha vuelto a tomar un gran auge.
Recorrer el Camino de Santiago es una opción que eligen muchas personas para pasar unos días fuera de casa, en un entorno totalmente distinto, viendo paisajes nuevos, gentes, lugares, situaciones. Sin duda unas nuevas vacaciones con un reto por superar en el que los pies jugarán un papel muy importante, pues son ellos los que nos mantendrán en pie durante muchos kilómetros.
Nuestra comunidad autónoma es un paso obligado de la Ruta Jacobea y es por ello que la relación de los riojanos con los peregrinos es muy estrecha.
De esta manera, tras haber cuidado los pies de muchos peregrinos en mi consulta, quiero dar una serie de recomendaciones que pueden ser útiles tanto a los que están realizando el Camino de Santiago como a los que lo van a iniciar.
Antes de comenzar el camino
Es aconsejable acudir al podólogo para que realice una revisión, ya que puede existir algún problema en el pie o en la pisada que pueda derivar en una lesión como pueden ser fascitis plantar, metatarsalgias, talalgias, etc., que nos puede impedir realizar el camino de manera cómoda y saludable.
Lo primero que se debe tener en cuenta es que en el Camino de Santiago se andará de media unos 20 o 25 kilómetros al día, algo a lo que casi nadie está habituado. Esto supone una carga extra para nuestros pies, por lo que estar acostumbrado al calzado que vas a llevar es fundamental. Nunca estrenes calzado en el Camino de Santiago. Aunque puede que tengas suerte, lo más probable es que acabes con los pies llenos de ampollas y rozaduras. El calzado se debe hacer al pie antes de iniciar el Camino de Santiago y no allí.
La elección de un buen calzado es muy importante en la salud de nuestros pies. Si no hacemos una buena elección, no tendremos el rendimiento adecuado y posibilitará un aumento de las lesiones que obligarán a dejar de andar en las primeras horas.
¿Cual es el mejor calzado para el Camino de Santiago?
Para responder a esta pregunta un factor fundamental que tenemos que tener en cuenta es la zona por la que se tenga previsto realizar el Camino, ya que el calzado puede variar mucho según cuales sean las características del terreno. De esta forma, la bota de montaña es la mejor opción para terrenos irregulares y zonas con un clima más adverso, mientras que el calzado de marcha o 'trekking' (tipo de calzado que se encuentra en un punto intermedio entre el calzado deportivo normal y la bota de senderismo de mayores prestaciones) es la mejor opción para recorrer caminos y zonas de baja montaña y para climas más cálidos.
Otro factor importante es el tamaño del calzado. Si es muy grande el pie irá muy suelto, creará fricción y aparecerán muchas ampollas. Al mismo tiempo, si éste es demasiado pequeño se ajustará demasiado a tu pie, lo que facilitará la aparición de lesiones como hematomas subungueales, heridas, callos (helomas), ampollas, etc. Por ello es recomendable acudir a zapaterías especializadas que te aconsejen en la elección.
Una vez elegidas las botas o zapatillas para llevar al Camino de Santiago, hay un elemento importante del que no debemos olvidarnos, los calcetines. Un calcetín técnico, sin costuras interiores y bien colocado es lo ideal.
También es conveniente prepararse un pequeño botiquín para posibles lesiones en el pie, este botiquín debe constar de:
-Antiséptico: povidona yodada.
-Pomada antibiótica, por si aparecen heridas más graves.
-Parches anti rozaduras.
-Gasas.
-Esparadrapo.
-Crema hidratante con urea.
-Aguja de sutura estéril: por si tenemos una ampolla muy dolorosa.
Durante el Camino
Una vez iniciado el Camino las dolencias más comunes entre peregrinos son las ampollas y rozaduras. Para evitarlas se recomienda el uso de cremas hidratantes y antirozaduras al comenzar el día, y una vez que finalice la etapa, es importante y necesario aplicar geles de frío o productos para controlar el exceso de transpiración y así poder evitar las ampollas al día siguiente
La higiene diaria de los pies es fundamental. Un lavado con jabón neutro en agua templada o fría, limpiando los espacios entre los dedos, sin utilizar cepillos duros que puedan dañar la piel, aliviará la molestia de los pies causada por el cansancio. Es bueno secar los pies con una toalla suave, sin dejar humedad entre los dedos para evitar la aparición de hongos, verrugas o bacterias, o usando el secador de pelo a baja temperatura. También es recomendable hidratar los pies con pequeñas cantidades de cremas y aceites para prevenir la aparición de sequedad y grietas, heridas u otras lesiones dérmicas.
Ante la aparición de ampollas, lesión dérmica más frecuente, actuaremos de la siguiente manera:
-Si la ampolla es poco dolorosa es mejor no tocarla y poner encima un apósito, de esta manera evitaremos una posible infección.
-Si es dolorosa es mejor extraer el contenido con instrumental estéril, para ello cogeremos una aguja de sutura estéril y atravesaremos la ampolla con ella dejando el hilo de dicha sutura dentro, así el liquido de la ampolla se irá drenando por dicho hilo y posteriormente aplicaremos un antiséptico.
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Publicación aparecida en la rioja .com.
http://www.larioja.com/v/20130827/sociedad/cuidados-podologicos-camino-santiago-20130827.html

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Buen Camino