
Sólo cuando se ha vivido esa enriquecedora experiencia, puede comprenderse esa "identidad" que convierte al peregrino en un símbolo.
Ese camino, ese viaje supone un "sacrificio" (sacrum facere = convertir en sagrado)y la energía espiritual que nos va impregnando es proporcional al sufrimiento, físico-mental, que se va padeciendo, paso a paso, día a día, hasta llegar al final.
La peregrinación supone la satisfacción de unos deseos, personales e íntimos, que se cumplen cuando finaliza el viaje y se alcanza el punto de destino.
