Acabamos la IX Senda Azul por el Parque Natural Marítimo Terrestre del Cabo de Gata y ya estamos pensando, como quien dice, en la próxima. Y es que uno no se cansa de disfrutar de aquel bello rincón, paraíso de colores, de encontrarle nuevos enfoques y perspectivas, de tal manera que aunque los sitios por los que transitamos sean los mismos, nosotros somos y nos sentimos diferentes, motivo por el cual, el caminar se adivina distinto, especial, diverso, desigual, en una confirmación espléndida de los versos que el genial poeta Antonio Machado Ruiz (1875 - 1939), sevillano y universal, cantó en aquel "caminante, no hay camino, se hace camino al andar" (en su libro "Campos de Castilla", 1912).
Por eso, cada edición se percibe y se vive variada, aunque el territorio sea siempre el mismo, la luz, el color, el tiempo, las nubes, el agua, la brisa, la tierra, el paisaje..., se muestran con otras caras, y por esos los experimentamos de otra manera. Además, nosotros, que no tenemos arreglo, siempre buscamos "los tres pies al gato", nos asomamos a rincones jamás vistos, exploramos nuevos parajes, afrontamos nuevos retos con trayectos desconocidos, más audaces y novedosos.
Y de ahí, el sobrenombre con el que hemos querido bautizar a ésta IX edición de nuestra Senda Azul: "La Novedosa".
Nos hemos planteado tranquilidad, calma, paz y sosiego en la Senda, con ese peculiar dicho popular de "no tenemos bulla, ni nadie que nos la meta" y nos han salido 4 jornadas, 4 etapas, 4 rutas, que a continuación se relatarán, para que queden guardadas en nuestra memoria de "azules senderistas cabogateros".
Todo se ha programado, kilometraje sobre todo y desniveles acumulados también, teniendo en cuenta al compañero Agustín, primerizo y recién salido de una grave lesión, factores que desde el primer momento siempre hemos tenido como referentes.
Las jornadas han sido las siguientes:
- Sábado, 7 de marzo - De Agua Amarga a Carboneras:
Este día, salimos de nuestras casas muy temprano, eran las 6 de la mañana, cuando transitábamos en un coche (Agustín, Miguezus, Aurelio y Luis) por las calles de Villanueva Mesía, para por la A-92 reunirnos con Antonio Gómez en la gasolinera de Huétor Santillán. Tras una "reconfortante parada" en la Venta de Dólar ("Barriga llena, corazón contento"), sin más demora nos dirigimos hasta Carboneras para aparcar allí uno de los coches y con el otro ir hasta el aparcamiento situado en Agua Amarga, nuestro punto de inicio de ruta.
Bien pertrechados con mochilas y bastones, un tiempo espléndido de agradable sol y cielo azul pintado de nubes, nos dirigimos hacia la playa entre solitarias y silenciosas calles, estrechas y blanqueadas, enmarcadas de rosadas buganvillas, creando un pacífico ambiente que se va engrosando conforme el sonido de las olas crece, recibiéndonos el mar. Al dar los primeros pasos por la arena, esquivando las barquillas y sintiendo el olor del Mediterráneo, nos damos cuenta de que ya estamos en plena Senda Azul. Un cosquilleo nervioso en la boca del estómago anuncia que sin demora la aventura comienza.
Subimos sin apenas pausas el empinado tramo del cargadero, de abundante piedra suelta, pero de tierra asentada, se nota que las pasadas lluvias mantienen la tierra húmeda, evitando resbalones y haciendo que las suelas agarren firmemente. ¡Mejor, bendita lluvia!
Una vez arriba, lo primero disfrutar de las bellas vistas y luego recorremos pausadamente, las instalaciones abandonadas del antiguo cargadero del mineral que se traía en tren, desde Lucainena de las Torres hasta el barco que esperaba en el mar. Estos restos de piedra son espectaculares y nos hacen pensar en la gran obra de ingeniería que tenemos delante. El compañero Miguezus saca a volar su dron (entre nosotros, "el niño") y obtiene unas hermosas imágenes de este sitio tan especial.
En sube y baja, por un precioso sendero nos dirigimos hacia la cara sur del promontorio de la Mesa de Roldán, buscando las calas Sorbas y Arena que vemos desde arriba y con un descenso muy complicado que decidimos no hacer. Miramos hacia el Faro, que "nos parece" cerca en la distancia, pero inaccesible por la importante pendiente y los tajos sobre los que se asienta. Después de algunas dudas, decidimos afrontar la fuerte subida que realizamos campo a través, con la inestimable ayuda del esparto ("Macrochloa tenacissima (L.) Kunth"), y toda la prudencia posible, hasta llegar a la Torre Artillada de la Mesa de Roldán, algo que al principio nos parecía complicado, luego nos alegra por la superación de la dificultad. En el fondo reconocemos que era tarea peligrosa, pero la experiencia nos ha hecho afrontarlo con solvencia, en fin, "como no sabíamos que era imposible, lo hicimos". El Faro se queda a mano, y una "persona especial" se nos viene el recuerdo: el amigo Mario Sanz Cruz (nuestro Farero, jubilado el pasado mes de septiembre de 2025) y a su inseparable perrita Pipa, ¡qué pena no poder darle un fuerte abrazo! ¡Fotos surtidas y alegría a raudales!
Bajamos ahora por el asfalto hasta el aparcamiento de la Playa de los Muertos, a la que nos dirigimos con viveza, ya que abajo nos espera esa maravilla natural en la que nos tomamos el merecido bocadillo y un respiro que nos hará recuperar fuerzas.
Con las hermosas imágenes impresas en la retina y al arrullo de las olas subimos hasta el Mirador de los Muertos, bajando por el sendero del barranquillo, que sin más demora nos pone a los pies de Carboneras en donde se encuentra nuestro coche. Toca ir a comprar víveres y dirigirnos hasta nuestro punto de alojamiento en la Casa del Volcán en las Hortichuelas Bajas. ¡A descansar tocan!
- Domingo, 8 de marzo - De las Negras a Los Escullos:
Todavía es de noche cuando estamos desayunando y sin entretenernos lo preparamos todo, ya que hay que llevar los respectivos coches a los puntos de fin (Los Escullos) e inicio (Las Negras).
Los primeros pasos los damos desde la localidad de Las Negras, siguiendo la Senda Azul por el litoral dirección sur. Un suave ascenso por la carretera que va al camping de Las Negras nos regala bellísimas panorámicas de todo este entorno destacando hacia el norte las Negras, el Cerro Negro, la Cala de San Pedro, con su castillo y su rellana... y la inconfundible silueta de la Mesa de Roldán, por la que caminábamos ayer que se nos antoja lejíiiiiisimaaa...
Accedemos a la Cala del Cuervo y por un sendero muy deteriorado subimos hasta las ruinas de la casa de vigilancia de la Guardia Civil en donde, de nuevo, hay que detenerse para disfrutar del mar, brillante por el sol, destellos de aguas claras y azules, calmadas y poderosamente atrayentes. Esta es la tónica de la Senda Azul que constantemente se repite: caminar, parar, mirar, disfrutar, asombrarse en definitiva con la maravilla que nos rodea, para finalmente sentirse privilegiados y protectores de este este Paraíso Natural.
Seguimos el precioso sendero de La Molata (SL-A 102), contemplamos el Castillo de San Ramón y bajamos hasta El Playazo, caminando por su fina arena y su rebalaje hasta adentrarnos en el Valle de Rodalquilar, ese oasis pleno de norias y de pozos, protegido por la antigua Torre de los Alumbres. Siguiendo por el valle, llegamos hasta la carretera Al-4200 que tomamos hacia el sur por una fuerte pendiente que nos sitúa en el Mirador de las Amatistas, otro punto en el que hay que detenerse obligadamente para contemplar una nueva y hermosa panorámica.
Primero por el arcén de la carretera y luego por un serpenteante sendero descendemos hasta la Cala de Los Toros, una delicia de lugar, ideal para tomarse el bocadillo y descansar aunque sea un poco. Luego, volvemos a caminar para disfrutar de un gran palmeral, palmitos, pitas..., que nos llevan hasta la misma orilla del mar, al que con alegre disfrute seguimos en un continuado sube y baja hasta llegar a la Isleta del Moro. Sin detenernos subimos a la cima del gran peñón (ó "Peñón Blanco") para disfrutar del majestuoso vuelo de las gaviotas que, sin miedo y en su casa, planean "ingrávidamente" sobre nuestras cabezas.
Finalmente, y siguiendo la orilla del mar, ya en claro modo aventura, que si te mojas que si no te mojas, que viene una ola que se va la ola, accedemos al final de ruta en Los Escullos, una inmensa y muy erosionada duna fósil de entre 180000 y 250000 años de antigüedad, esculpida a golpe de viento y mar, en la que se encuentra el gran castillo de San Felipe, fuerte abaluartado, costero y fusilero, construido en el siglo XVIII formando parte del complejo que entonces se hizo para defenderse del ataque de los piratas berberiscos.
Después de pasear y disfrutar de las maravillas del lugar damos por finalizada la ruta. Toca hora un ligero refrigerio en el Camping de los Escullos y marchar a la Casa del Volcán a descansar, "que mañana será otro día".
- Lunes, 9 de marzo - De San José al Faro de Cabo de Gata:
Sin misericordia el despertador nos puso en pie antes del amanecer para desayunar, desplegar los coches y encontrarnos con Javier en San José, punto de inicio de esta etapa.
Callejeamos por San José para tomar el carril que accede a las calas míticas de este Parque Natural. Pronto lo abandonamos girando a la izquierda por un sendero estupendo que nos adentra de golpe en el Campillo de los Genoveses. El espíritu nos da un vuelco. Montones de veces hemos andado por esta zona pero nunca lo habíamos visto con tan magno esplendor, y es que el tren de borrascas de éste invierno, las copiosas lluvias, han sido generosas también en esta tierra y la Naturaleza, agradecida, se ha vestido con exuberantes galas. Además la luz del día, el juego del sol y la sombra de las nubes sobre las montañas, nos hacen pensar en una gigantesca pantalla de cine que a más de uno nos lleva a exclamar: ¡esto es de película!
Accedemos a la Cala de los Genoveses, disfrutamos del relajante paseo por la suave arena de su orilla y poco a poco nos dirigimos hacia el Morrón de Genoveses, punto obligado de subida que siempre nos ofrece panorámicas de ensueño.
La vuelta, campo a través, nos regala el esplendor de pitas, azufaifos, rascamoñas, etc... y algún trabajador escarabajo pelotero que nos sorprende con su hercúleo esfuerzo y afán interminable.
Disfrutamos del verdor del camino, entrando sucesivamente en las Calas del Barronal y de Mónsul (en donde toca el bocata, al abrigo de sus acantilados) prosiguiendo con la aventura marina de llegar "orilleando" hasta la Cala de la Media Luna.
Sin más demora tomamos el carril, que serpenteante sube sin pausa hasta la Torre de la Vela Blanca, en donde cambiamos de viso y comenzamos a gozar de las preciosas vistas de la zona del Faro del Cabo de Gata.
Por el carril asfaltado y alguna que otra parada para contemplar las disyunciones columnares de Punta Baja, accedemos a la placeta del Faro de Cabo de Gata en donde se encuentra nuestro coche. Ahora toca buscar el Camping del Cabo de Gata en donde nos espera un bungalow para descansar y pasar la noche.
- Martes, 10 de marzo - De Playa Costacabana a San Miguel de Cabo de Gata:
Un repiqueteo en el techo metálico del bungalow nos despierta al amanecer. La lluvia cae fuerte y nos anuncia su presencia en la última ruta que nos queda. Sin perder el ánimo disfrutamos del desayuno y preparamos el equipaje.
Ponemos uno de los coches en la Playa de Costacabana de Almería y bajo una intensa lluvia, resguardados bajo chubasqueros y capas afrontamos esta última etapa, fuera de la Senda Azul, para conocer el azufaifar ("Ziziphus lotus") de la Rambla Morales. Pero "el hombre propone y Dios dispone". Lo que se planteó como un "lindo paseo" por el litoral se transformó en un sufrido camino, lleno de charcas y zonas de barro gachetoso peligrosamente resbaladizo. Toca apretar los dientes y sufrir lo que del cielo nos llega.
Pasamos por las inmediaciones del Aeropuerto de Almería (inaugurado el martes 6 de febrero de 1968, en el paraje de El Alquián), bastante movidito por cierto, lo que hace que más de una vez paremos para asombrarnos con los ruidosos despegues y aterrizajes. Con alguna caída en el barro gachetoso, llegamos hasta El Toyo-Retamar y siguiendo primero por el paseo marítimo, luego por carril de tierra llegamos hasta la Ermita de la Virgen del Mar y Torregarcía y luego hasta la Albufera de la Rambla Morales.
Sin más demora accedemos hasta la población de San Miguel de Cabo de Gata en donde damos por finalizada esta ruta y la IX Senda Azul, "La Novedosa".
Desde este punto, iniciamos la vuelta a casa.








1 comentario:
Todo muy bien detallado
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